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LA IMPORTANCIA DEL SEGURO EN LOS CASOS DE INTOXICACIÓN ALIMENTARIA

Los procesos industrializados en la alimentación saltaron a los medios de comunicación éste verano con el peor brote por contaminación de listeria registrado en nuestro país, que ha provocado hasta la fecha tres muertes y siete abortos. ¿Cómo puede afrontar la empresa y el consumidor una reclamación de productos alimenticios?.

La listeriosis es una patología poco frecuente y suele ser asintomática o cursar con una sintomatología gastrointestinal leve y fiebre alta, que en grupos de riesgo específicos, sobre todo en inmunodeprimidos, personas de edad avanzada, niños y embarazadas, puede presentar cuadros graves que incluyen meningitis, septicemia, abortos y una alta tasa de mortalidad. La contaminación tiene lugar, generalmente, durante el consumo de alimentos que contienen la bacteria Listeria monocytogenes, hallada, en este caso concreto, en lotes producidos por la empresa sevillana Magrudis, y vendidos bajo la marca comercial “La Mechá”. Aunque hasta el momento solo se ha encontrado esta bacteria en tres productos (carne mechada, lomo al jerez y lomo a la pimienta), la Junta de Andalucía ha ordenado, por prevención, la retirada de todos los productos cárnicos que fabricaba la empresa sevillana. Posteriormente, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) ha decidido ampliar la alerta sanitaria tras haber identificado otros embutidos de esta empresa que no habían sido notificados: chorizo picante, chorizo dulce y morcilla.

Por su parte, los numerosos afectados ya han comenzado a movilizarse: la Asociación del Defensor del Paciente ha registrado varias denuncias en los juzgados de Sevilla para pedir el inicio de una investigación al respecto, y la organización FACUA-Consumidores en acción ha constituido una plataforma de afectados para ayudarles a reclamar indemnizaciones por los perjuicios sufridos ¿Es necesario regular que todas las empresas del sector cuenten con un seguro obligatorio? Las indemnizaciones económicas derivadas de intoxicaciones alimentarias pueden ser muy elevadas.

Como sucede en otras actividades económicas, el sector asegurador puede ser una magnífica solución para proteger al empresario y al consumidor. A través del Seguro de Responsabilidad Civil de Productos, se cubre a la empresa asegurada de las consecuencias económicas que pueda acarrear la imputación de responsabilidad a causa de daños corporales o materiales y perjuicios que puedan sufrir terceras personas por el uso, tenencia o incluso simple existencia de productos puestos en circulación en el mercado por el asegurado, por sí mismo o a través de terceros. ¿Qué cuantía mínima deberían de contratar las empresas de alimentación?.

El artículo 30 de la Ley 26/1984, de 19 de julio, General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, surgida a raíz del caso del envenenamiento masivo por el aceite de colza desnaturalizado que causó la muerte de más de 1.100 personas en 1981, dictamina que “El Gobierno, previa audiencia de los sectores interesados y de las Asociaciones de consumidores y usuarios, adoptará las medidas o iniciativas necesarias para establecer un sistema obligatorio de seguro y fondo de garantía que cubran, para sectores determinados los riesgos de intoxicación, lesión o muerte derivados del mal estado de los productos, servicios o actividades”. Por su parte, el artículo vigésimo octavo de esta ley aprobada en 1984 deja claro que los productos que deben tener un seguro obligatorio y un fondo de garantía son “los alimenticios, los de higiene y limpieza, cosméticos, especialidades y productos farmacéuticos, servicios sanitarios, de gas y electricidad, electrodomésticos y ascensores, medios de transporte, vehículos a motor y juguetes y productos dirigidos a los niños”.

Sin embargo, el seguro de responsabilidad civil para empresas no debe ser comprendido únicamente como una obligación, sino como un recurso beneficioso, rentable e imprescindible en una sociedad avanzada donde la seguridad de los productos alimenticios resulta algo esencial, y el impacto potencial de su retirada puede implicar pérdidas inasumibles para cualquier empresa, ya que podría repercutir negativamente en su cuota de mercado, dañar su marca, su reputación y suponer cuantiosos costes legales, de reacondicionamiento y recuperación. Por lo tanto, si eres autónomo, empresario, fabricante, distribuidos u otra figura del sector, debes ser consciente de que necesitas un seguro que cubra los posibles daños a terceros y proteja los intereses de tu negocio. El análisis del riesgo y su valoración es tarea de expertos, aunque cualquier bancario quiera imponerte un seguro por el mero hecho de solicitar un préstamo o línea de crédito.

El consumidor, ante el incremento del riesgo de ser afectado por un producto de consumo, también tiene una herramienta de protección muy económica y eficaz con el seguro multirriesgo del hogar, siempre y cuando incorpore al mismo la cobertura de reclamación de daños o la protección jurídica personal o familiar.

Sea cual sea tu eslabón en la cadena alimentaria, contacta con tu correduría de seguros de confianza donde te informarán, asesorarán y te ofrecerán la póliza que más se adapte a tus necesidades.

Fuentes: boe.es, facua.org, aecosan.msssi.gob.es y elaboración propia.

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¿QUIÉN DEBE HACERSE CARGO DE LOS DEFECTOS DE CONSTRUCCIÓN DE UNA VIVIENDA?

QUIEN DEBE HACERSE CARGO DE LOS DEFECTOS DE CONSTRUCCIÓN DE UNA VIVIENDALa respuesta puede parecer obvia: quien los causa. Es cierta la afirmación, sin embargo lo que resulta difícil de establecer es quien los causa, sigue leyendo y lo comprobarás. Para la mayoría de los ciudadanos de nuestro país la compra de una vivienda es una de las mayores inversiones que realiza en su vida, por lo cual resulta necesario que se recabe información (lo ideal sería un estudio de mercado encargado a profesionales) antes de precipitarse en ejecutar una mala operación inmobiliaria que incluso puede condicionar la economía familiar del afectado. Buscar una hipoteca que ofrezca unas condiciones favorables para el comprador y que no suponga más del 40% de los ingresos estables de la unidad familiar, revisar toda la fiscalidad aparejada a la compra de la vivienda (ITP o AJD) y calcular minuciosamente los gastos de comunidad (y su influencia en la rentabilidad del inmueble, si el uso fuese para dedicarla al alquiler) son requisitos indispensables para lograr minimizar los riesgos asociados a la compra. Por otro lado, el certificado de eficiencia energética (imprescindible siempre que se vendan o alquilen edificios o partes de los mismos, como pisos, apartamentos o locales comerciales) aportará al comprador información sobre el consumo anual de energía necesario para satisfacer la producción de agua caliente, calefacción, iluminación, refrigeración y ventilación del inmueble en condiciones normales de ocupación y funcionamiento. Otro aspecto que se debe tener muy en cuenta a la hora de adquirir una vivienda es la contratación de un Seguro de hogar multirriesgo, que garantice la cobertura del continente y el contenido, así como la responsabilidad civil frente a terceros.

Sin embargo, aun a pesar de que el comprador haya intentado identificar, evaluar y prevenir todos los riesgos, es posible que meses después de la adquisición de la vivienda se encuentre con ciertos problemas inesperados. La aparición de desperfectos como por ejemplo grietas en las paredes originados por un mal diseño o el uso de materiales poco adecuados, o humedades debidas a filtraciones de agua en paredes o la cubierta son problemas más habituales de lo que podríamos suponer, pero que nos pasan inadvertidos porque no son objeto de interés para los medios de comunicación, salvo que afecten de forma abrupta a un colectivo importante. ¿Quién es el responsable de subsanar estos defectos de construcción?

En primer lugar conviene aclarar que al deberse a defectos o vicios de construcción, ni el seguro de hogar ni el seguro de la Comunidad de Propietarios cubrirán la reparación de estos desperfectos ni del elemento que los origina, porque de forma generalizada las pólizas de seguro excluyen los daños que tengan su origen en defectos de construcción o mantenimiento . Por lo tanto, si el piso o la casa fue adquirida en el mercado de segunda mano, el responsable puede ser el vendedor, por vicios ocultos, y en el caso de que se trate de una vivienda de nueva construcción los responsables podrían ser el contratista, subcontratista, trabajadores autónomos, coordinadores, dirección facultativa, proyectistas, recursos preventivos y promotor (decide, impulsa, programa y financia). Los plazos de garantía y demanda también varían en función de si la vivienda es nueva o de segunda mano:

  • Si la vivienda es nueva, la Ley de Ordenación de la Edificación (LOE) establece diez años de garantía para defectos de construcción que afecten a la estructura y la estabilidad del edificio, tres años para defectos en elementos que hagan inhabitable el inmueble, y un año para defectos en los acabados de los elementos de la casa. Una vez constatado un defecto dentro de esos plazos de garantía, el propietario tiene dos años para hacer la reclamación a todas las figuras intervinientes o algunas en concreto.
  • Si la vivienda es de segunda mano, el plazo para reclamar los vicios ocultos al vendedor caduca a los seis meses desde la fecha de la venta, pasado ese tiempo se pierde la posibilidad de ejercer legalmente. El comprador podrá exigir que se repare el defecto o bien que se le reintegre la parte del precio que cubra esos defectos. La figura de vendedor alcanza al propietario e intermediario que intervino en la operación, de ahí la importancia de confiar en profesionales asentados en el mercado y huir de “caza-comisiones”

La Disposición Adicional Segunda de la Ley 38/1999, de Ordenación de la Edificación establece que el responsable de la obra o titular de la licencia es quien tiene la obligación de contar con un Seguro Decenal de Daños para aquellas edificaciones cuyo uso principal sea el de vivienda, con el objetivo de que en caso de defectos de construcción en las casas construidas, la compañía de seguros pueda responder por el promotor e indemnice a los compradores afectados. Conviene recordar que toda Comunidad de Propietarios es promotor en aquellas obras de rehabilitación integral que realice, y por tanto está obligada legalmente a responder de los daños que puedan causar. En estos casos, la contratación de un Seguro decenal de rehabilitación de edificios y obra nueva se convierte en algo indispensable.

Fuentes: boe.es y elaboración propia.

 

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NUEVOS CAMBIOS EN LA BAJA LABORAL PARA AUTÓNOMOS

NUEVOS CAMBIOS EN LA BAJA LABORAL PARA AUTÓNOMOSEn nuestro país las empresas buscan talento, pero no están dispuestas a soportar un elevado coste salarial y social, por esto el número de personas que deciden apostar por el autoempleo se incrementa, utilizando su propio capital, esfuerzo e ingenio para trabajar de forma independiente.

Convertirse en autónomo en España implica enfrentarse a un proceso complejo y a una base de cotización que es de las más elevadas de Europa. Muchas son las obligaciones que deberá afrontar el futuro trabajador por cuenta propia: darse de alta en el censo de empresarios de la Agencia Tributaria, presentar declaraciones trimestrales y anuales en dicha institución, así como las liquidaciones de IVA y los resúmenes de IRPF. Pero sin duda, el tema que produce mayor inquietud e intranquilidad a la hora de dar el paso definitivo cara a convertirse en autónomo es el concerniente a las bajas laborales; ¿Qué ocurrirá cuando el trabajador autónomo sufra una enfermedad? ¿Tienen los autónomos derecho a percibir una baja laboral? ¿Y en el caso de un accidente laboral?

La Comisión de Empleo del Senado aprobó el 11 de octubre del pasado año la Ley de Reformas Urgentes del Trabajo Autónomo, introduciendo importantes novedades con respecto a las bajas por enfermedad profesional, accidente de trabajo y enfermedad común del autónomo. Si el autónomo sufre una enfermedad común o un accidente fuera del horario de trabajo, podrá solicitar la baja a partir del cuarto día, contando desde que se acude al médico. En el caso de un accidente durante su trabajo, puede percibirla desde el día siguiente al que se produce. En ambas situaciones, será un profesional sanitario quien marque el tiempo máximo de la baja. La prestación se podrá cobrar por un año, prorrogable a año y medio “siempre que en ese tiempo de más se prevea su curación”, según recoge la web de la Seguridad Social. Esto está muy bien, sin embargo puede que sea insuficiente para vivir.

En cuanto al cálculo de la cuantía de la baja, se hará tomando como referencia la base de cotización que el trabajador elija en su alta de autónomo el mes anterior al que se produce la baja, y se mantendrá durante el tiempo que se prolongue la misma, siempre y cuando no haya un cambio a la baja en los máximos de cotización a la Seguridad Social. Por lo tanto, si se trata de una enfermedad o contingencia común se tendrá derecho a percibir del cuarto al décimo día de baja entre el 60 y el 70% de la cuantía de la base de cotización, y la cantidad se eleva al 75% a partir del vigésimo primer día de baja. Si es por accidente laboral, la cuantía de la prestación será del 75% de la base reguladora desde el día siguiente, siempre que el asegurado tenga una cobertura específica de contingencias profesionales. La Base mínima de cotización es de 932,70 desde agosto de 2018 y por tanto en un rápido ejemplo por una operación de apendicitis el importe mensual a percibir sería de 559 euros en número redondos, ¿puedes afrontar tus gastos fijos?

Para solicitar el subsidio por baja, se deberán presentar en las oficinas de la Seguridad Social un formulario mediante el que se solicita el pago directo de la prestación de incapacidad temporal, el parte de baja, un documento en el que se acredite estar al corriente en el pago de las cuotas a la Seguridad Social y una declaración de actividad. Toda esta documentación se puede solicitar telemáticamente, y tendrá un periodo máximo de 15 días a partir de la fecha de baja para ser presentado. Adicionalmente, el trabajador deberá presentar cada seis meses los informes médicos que avalen que aun no se ha recuperado de su enfermedad o accidente, en el caso de no realizarse se producirá la suspensión del pago de la prestación.

Aunque al estar dado de alta en el RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos) el trabajador autónomo está cotizando de manera genérica con una Mutua, resulta altamente aconsejable que cuente con la protección integral que brinda un Programa de Seguros para cada autónomo, personalizado y a satisfacción de cada necesidad personal o familiar. Este tipo de pólizas dan una cobertura extra en el caso de Incapacidad Temporal por Accidente o Enfermedad, además de un Seguro Médico que le permitirá elegir centros médicos, hospitales, médicos especialistas, e incluso contar con cobertura dental. Tanto si tienes planeado convertirte en trabajador por cuenta propia, como si ya eres autónomo, conviene que pidas consejo profesional sobre que programa se adapta mejor a tus necesidades y aprovecha las ventajas fiscales. Acude a tu Correduría de confianza para que te asesoren correctamente sobre las mejores opciones y los mejores precios de las pólizas disponibles en el mercado.

Fuentes: boe.es, seg-social.es y elaboración propia.

 

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EQUIPO DE PROTECCIÓN INDIVIDUAL- EPI ¿UNA CARGA?

EQUIPO DE PROTECCIÓN INDIVIDUALSe conoce como EPI (equipo de protección individual) a cualquier equipo destinado a ser llevado o sujetado por el trabajador para que le proteja de uno o varios riesgos que puedan amenazar su seguridad o su salud en el trabajo. Su utilización es obligatoria siempre que dichos riesgos no puedan ser evitados por medios técnicos de protección colectiva o mediante medidas de organización de trabajo. Así lo estableció en 1989 la Unión Europea a través de la Directiva 89/686/CEE1 del Consejo de Gobierno de 30-11-1989.

Por su parte, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales fija la obligación de realizar una evaluación de riesgos en la empresa, la cual determinará en que puestos de trabajo es necesario el uso de estos equipos, así como el tipo de protección conveniente en cada uno de ellos: protectores de cabeza, de pie, oculares o faciales, de oído, respiratorios, ropa de protección, etcétera. Para que el trabajador realice una correcta utilización de estos sistemas de prevención, es necesario que previamente, el empresario forme e informe sobre los riesgos contra los que protegen y de las actividades en las que deben ser utilizados, y señalice los lugares en los que su uso es obligatorio con paneles que informen sobre esta exigencia.

El empresario también debe prestar especial atención a la correcta elección de los EPIS, que deben cumplir las siguientes premisas:

  • Servir de protección eficaz ante los riesgos.
  • Permitir la utilización simultánea de varios equipos de protección individual, manteniendo su eficacia.
  • Tener en cuenta las condiciones anatómicas, fisiológicas y el estado del trabajado (talla, trabajadores con discapacidad, embarazadas…)
  • Adecuarse a lo dispuesto en el artículo 4 del Real Decreto 773/1997, en lo relativo a diseño, fabricación y requisitos legales.

Conviene señalar que la función de dichos equipos debe ser revisada en el caso de que se cambie o modifique alguna de las circunstancias o condiciones del puesto de trabajo en el que son utilizados.

El mantenimiento de los EPIS es fundamental para lograr garantizar una protección óptima del trabajador. Hacer un uso correcto del equipo, limpiarlo y desinfectarlo diariamente repercutirá positivamente en la efectividad, fiabilidad y durabilidad del sistema de protección. El empresario es el responsable de velar por la utilización de los equipos de protección individual y de asegurar que se realizará su mantenimiento. Esta responsabilidad patronal, en los supuestos de accidente de trabajo se puede asegurar en los contratos de seguro de la empresa.

Saber cómo y cuándo utilizar los EPI, en las diferentes situaciones que los requieren, evitará una gran cantidad de accidentes laborales, ya que son la última barrera entre el trabajador y el peligro. La misión de estos equipos es la de proteger a los empleados frente a situaciones de riesgo que atentan contra su salud, pero por muy eficaces que lleguen a ser, los EPI nunca podrán garantizar una ilimitada y absoluta protección. Es por ello que el empresario debe tratar de conseguir que los espacios de trabajo sean lo más seguros posibles, así como apostar por la formación de sus trabajadores, informándoles de los riesgos para su seguridad, de las medidas preventivas a adoptar, instruyéndoles en primeros auxilios y en procedimientos de emergencias.

El empresario, como el mayor responsable en los temas de prevención y seguridad también necesita un sistema de protección que le garantice una cobertura que responda de su actuación y de la de su equipo humano, por lo que siempre debe contar con un buen Seguro de empresa. Desde José Silva Correduría de Seguros nos proponen un amplio catálogo de pólizas que ofrecen toda la protección y tranquilidad que necesitas para tu empresa. No dudes en ponerte en contacto con ellos pinchando aquí.

Fuentes: insht.es, boe.es y elaboración propia.

 

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